
Ella seguía allí, día tras día, juzgándome con su mirada, mañana tras mañana, castigándome con su silencio. Es simple. Mi egoísmo rasgaba lo irreal.
Y el caso es que dentro de mi fuero interno seguían aquellos celos. Celos que me comían lentamente.
Con mi chico... iba bien, supongo.
Apenas le prestaba atención.
sencillamente genial,,y lo sabes.
ResponderEliminarno dejes q este relato muera,,es flipante y engancha mazo...me encanta.
y como siempre,,teQuiero(LL)