Tic tac, tic tac, las horas pasaban, a veces lentas, a veces rápidas y esto no era una pura casualidad. Él hacia vibrar el tiempo y los minutos pasaban a ser segundos con su presencia. ¿Cuánto había pasado desde aquel fugitivo encuentro de miradas? Un mes, tal vez más... pero aunque todo había cambiado enormemente, la vida seguía y los sueños que se estaban forjando a nuestro alrededor eran cada vez más consistentes y fuertes. Se habían aposentado a nuestro lado amarrándose fuerte a nuestra piel y desgarrando la superficie para poder tocar directamente nuestras almas. Dos almas que deseaban juntarse y que encontraban cada vez más obstáculos en el camino puesto que había mucho que dejar pero también había mucho que recibir.
Pasaba el tiempo y, en nuestro
presente, nos encontramos perdidos, desorientados, sin rumbo fijo. Pero es así
de verdad o es tan solo la sensación en la que nos refugiamos para quitarnos
responsabilidad de aquello que estamos viviendo. Miedo. El miedo es la
respuesta. Siempre apoderándose de nuestras sensaciones, impidiendo que fluyan
de manera natural y condicionando cada paso que decidimos dar en la vida.
Y a pesar de todo, seguimos
abriendo nuestras fronteras y dando paso a un sentimiento incontrolable al que
le vamos a permitir que guíe nuestras vidas. El amor, ¿es realmente el amor tan
fuerte que es capaz de unir a dos personas de la noche a la mañana?
