Diciembre. Habían pasado ya meses desde que la habíamos conocido. Cariñosa, dulce, valiente, atrevida. Perfecta. La admiraba, bueno, creo que todos lo hacían. Cada vez que ella desviaba la mirada porque la reclamaban sentía una punzada de celos en mi cabeza. El caso es que jamás entendía porqué me pasaba pero tenerla cerca era como encontrarme a mí misma y a penas soportaba su contacto con cualquier otro humano. Ya fuera hombre o mujer, ya fuera amigo o conocido. No lo soportaba.Cuando ella me prestaba atención y estábamos un rato juntas, sólo podía ser dulce con ella. Me encantaba. Me hipnotizaba. Lo nuestro no era amistad, las dos lo sabíamos, no nos contabamos nada, quizás ni confiábamos la una en la otra. Simplemente nos dábamos tranquilidad. Se podría decir que nos complementábamos.
No sabía porqué pero estar con ella era lo que más deseaba día a día, hora a hora, segundo a segundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario