18.7.10

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Lluvia, el agua resbalaba desgarrando su gruesa piel. Poco a poco, su coraza se desmoronaba.

Pálido, frágil, derrumbado, su rostro era una cárcel donde sus sentimientos luchaban por huir.

Fuerte, dura, resistente, su piel era una armadura que no les permitía salir.


P.D: la vida prohibida volverá.. en breves.

17.7.10

¿Recuerdos o tormentos?


Yo era una cautiva de la irrealidad, la cual me sostenía en sus brazos aquel día en que él nos dejaba a mí y a todo el campamento para marcharse lejos, quizá buscando algo mejor. Me pidió que comiésemos juntos en aquella estancia hecha de marfil donde cada recuerdo quedó tallado con las manos expertas de un autor de memorias. Confío en que el viento no las haya erradicado.Pero mi estomago se negaba a hacer la digestión y a penas dejé que mi paladar saboreara los placeres del comer. Yo quería otro tipo de placer y se encontraba a mi lado. Deseaba que ese placer fuera eterno.

Y entre risas ahogadas, el reloj me traicionó.
Mis piernas no reaccionaban por muchas señales que mi cerebro les enviara para que se irguieran. Así que me quedé allí, postrada en la silla viendo como él se despedía uno a uno de todos los amigos que allí dejaba sin saber cuando los volvería a ver. Y al fin mis piernas se levantaron para esperarle, aunque, sinceramente, no sabía cómo reaccionar, qué decirle y no sabía qué me diría él... y bajo la mirada de unas cien personas, que creí por unos fragmentos de segundo tragadas por la tierra... o que por el contrario que ésta se nos había tragado a nosotros... el tiempo se paró.
Mis labios se helaron al contacto con los suyos. Me entregué a él completamente. Me dejé embaucar por su pasión y aquellos segundos parecieron ser años... Y tiernamente nos separamos aunque los dos buscábamos más.
Exhausta, un escalofrío recorrió mi columna lentamente mientras el despegaba sus tibias manos de mi rostro y mis piernas temblaron encontrándose con la silla mientras él seguía con su recorrido...

15.7.10

sigo recordando..




“Deseé desesperadamente hablar con él, detener sus pasos, acercarle a mi, simplemente decirle que aquel año en que habíamos estado separados no había hecho mella en mi, a pesar de que él se había entregado al calor de otras caricias y otros labios. Eso ya no me importaba, no importaba que su piel ya no mostrara las cicatrices que yo le dejé, que hubieran sido reemplazadas, ni que su cuerpo ya no oliera a mi fragancia, el mío sí olía a la suya. Él había sido feliz, sólo eso importaba. Eso era lo esencial, me decía una y otra vez para tratar de auto convencerme.

Quise mirarle a los ojos como lo hice en aquélla noche estrellada y encontrar aquellas palabras, afrontar la misma excitación que me impregnó su mirar… pero sus ojos ya no tenían refugio para mí, la posada estaba completa y mi reserva había caducado. Así que me entregué al dolor, y demasiado consciente de mis actos, intenté esquivarle, pero él acabó allí, rodeándome con sus brazos, en los que apenas supe que sentir. Me abandoné totalmente a él sin poder siquiera entreabrir los labios, sabía que si no aprovechaba aquel momento, no habría otro, lo sabía con total seguridad. Pero mi cuerpo se dejó rodear con su fingida protección y notó como sus manos bordeaban mi figura lentamente, percibí que mi piel aún no era inmune a su roce y que ardía intensamente frente a la unión. Mi cuerpo era incapaz de desaprovechar el contacto que él le ofrecía. Se me olvidaron por un momento todo el millón de cosas que quería contarle, se me olvidó el porqué se lo quería decir. Y de repente toda la magia se desvaneció y en ese mismo instante supe que en los 12 días que nos esperaban no volvería a tener ni una sola oportunidad para estar con él.

Y así fue.”

14.7.10

Una pausa en el relato. (Recuerdos)


“Nos encontrábamos los dos peligrosamente cerca. El cielo profundo. Millones de luces habitaban lejos de nosotros, intentando mostrar misterios olvidados y rogando intimidad.

- Te vendo esa estrella por 1 euro- dijo él cortando el silencio, con la hoja afilada de su voz. Su aliento me rozó estremeciendo cada poro de mi piel. Estaba demasiado cerca. Una sonrisa traviesa cruzó su rostro mientras sus dedos dibujaban mi rostro, descubriendo cada rincón, lentamente, alargando cada segundo al infinito, jugando con el tiempo hasta hacerlo desaparecer.

Entreabrí mis labios cortados por el frío, pero no fui capaz de calibrar mis cuerdas vocales y hacerlas sonar. Me tragué las palabras y me mordí el labio inferior con tanta fuerza que creí notar como una gota de sangre los rasgaba deliciosamente.


Ninguno de los dos fue capaz de hacer nada más que mirar al otro a los ojos, diciéndonos cosas que las palabras son incapaces de describir. ”

7.7.10

18.



Decepción. Ojos irritados que buscan en la oscuridad de una habitación oxidada, cerrada a traición.
Enterarte de algo que duele, que cae como un puñal frío y suave en la fina piel, desgarrando lentamente, saboreando cada gota de la salada sangre que nos da la vida...

6.7.10

17.



Ella, simplemente su figura y lo que su presencia evocaba en mi. Me hacía daño y me alegraba en el mismo instante, sólo ella era capaz de hacerlo.
El tiempo pasaba a la vez rápida y lentamente, disfrutando y atormentándonos por cada unidad de reloj que nos unia y separaba. Nuestro secreto era cada vez más grande, más real, más esencial. Noviembre.
Quedábamos a hurtadillas en mi casa, aprovechando la soledad que ésta desprendía. Besábamos, reíamos, abrazábamos, soñábamos, saboreábamos, viviamos... sin cuota ni alquiler, libres y capturadas en el tiempo.
Contradicciones que hacían crecer la relación hasta límites inalcanzables, y que nos arrastraban a la satisfacción con la ligereza que posee el aire.
Nosotras, inocentes, nos dejábamos llevar por el vendaval.

5.7.10

16.



Creia en el amor, creia en la felicidad, creia en los imposibles.
Evidenciaba un cierto asombro al darme cuenta de que todo a mi alrededor era pavorosamente perfecto. Y odio esa sensación de perfección, aunque cuando la tienes lo olvidas todo, hasta la repugnancia que te produce el sentirte así. La perfección crea en tu entorno una burbuja, obviamente perfecta, que te obliga, voluntaria o involuntariamente (no anda muy claro..) a una sensacion de comodidad excesiva en la que la despreocupación es el líder a seguir.

Maldita relajación enmascarada.