Abatida, sentía que sus ganas de luchar se desvanecían. Sentía como el roce de su propia piel la aturdía lentamente en cada ocasión en que su mente imaginaba como él, con sus suaves y delicadas manos, acariciaba lentamente su cuerpo… ella estallaba en un fuego perturbador del que no deseaba salir hasta que la realidad le alzaba los parpados lentamente, haciendo su aterrizaje lento y doloroso, como la sensación de ahogarse poco a poco en un mar de gotas negras bajo la lluvia de Abril.
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